Berrinches y Límites: Guía para padres agotados
Los berrinches no son una señal de "mala crianza" ni significan que tu hijo sea "malo" o "manipulador". Son la forma en que un cerebro inmaduro expresa una emoción que lo desborda (frustración, cansancio, enojo) y que aún no cuenta con las herramientas verbales para gestionar.
El cerebro en crisis
Durante un berrinche, la parte lógica del cerebro del niño (corteza prefrontal) se "apaga" temporalmente. Está literalmente "secuestrado" por su cerebro emocional (amígdala). Por eso, intentar explicar, razonar, negociar o amenazar en ese momento no funciona: el niño no puede escucharte.
3 Pasos para gestionar el desborde
- Mantener la calma (Corregulación): Es lo más difícil, pero lo más importante. Si vos gritás, el caos escala. Tu calma es el ancla que el niño necesita para volver a la orilla.
- Validar la emoción: "Veo que estás muy enojado porque querías ese juguete" o "Estás triste porque nos tenemos que ir". Ponerle nombre a lo que siente ayuda a calmar el sistema nervioso.
- Sostener el límite con amor: Validar no significa ceder. "Entiendo que estés enojado, y está bien enojarse, pero no podés pegar/romper cosas". Si hay riesgo físico, contenerlo con un abrazo firme hasta que pase la tormenta.
¿Cuándo es demasiado?
Si bien los berrinches son esperables entre los 2 y 4 años, es importante consultar si:
- Duran más de 20-30 minutos y es imposible calmarlo.
- Ocurren muchas veces al día, afectando la vida familiar.
- El niño se lastima a sí mismo (se golpea la cabeza) o agrede fuertemente a otros.
- Persisten con intensidad más allá de los 5 años.
En ETIBA trabajamos con Orientación a Padres para brindar herramientas concretas de crianza respetuosa y manejo conductual.